Historia

A partir de 1949, el novedoso mensaje del Opus Dei prende en todo tipo de ambientes en México, país que tiene la primogenitura en América.

El Opus Dei en México

La guerra civil española, y luego la Segunda Guerra Mundial, impidieron momentáneamente el cumplimiento del deseo del Fundador de extender el Opus Dei en otros países. Ya en 1935, san Josemaría Escrivá de Balaguer había proyectado enviar a Francia a algunos de sus hijos, pero el plan tuvo que ser retrasado.

Por eso, en cuanto el final de esas guerras lo permiten, los primeros miembros del Opus Dei empiezan a repartirse por numerosos países: Portugal, en 1945; Inglaterra e Italia, en 1946; Francia e Irlanda, en 1947...

Desde 1946, el Fundador tiene ya puestos los ojos y el corazón en el continente americano, y manifiesta ese deseo a Pedro Casciaro, un arquitecto, que ese mismo año recibe la ordenación sacerdotal.

Desde 1946, el Fundador tiene ya puestos los ojos y el corazón en el continente americano, y manifiesta ese deseo a Pedro Casciaro, un arquitecto, que ese mismo año recibe la ordenación sacerdotal.

Dos años después, el joven sacerdote realiza un primer viaje por tierras americanas para estudiar en qué países conviene iniciar la labor apostólica. "Aquellos contactos americanos de 1948 —recuerda el padre Casciaro— fueron el fulminante de la expansión apostólica del Opus Dei por todo el continente. La primogenitura, por pocos días, la tiene México; inmediatamente después, Estados Unidos".

"En efecto, el 18 de febrero de 1949 quedó canónicamente erigido el primer Centro del Opus Dei en la ciudad de México, en donde Mons. Luis María Martínez, arzobispo de México, celebró la primera Misa el 19 de marzo del mismo año, fiesta de San José" (“Los inicios del Opus Dei en el Continente Americano", Novedades, 10-11-1985).

Instalados en un pequeño departamento de la calle de Londres, los primeros miembros del Opus Dei empiezan su labor apostólica. Meses después, ahora en una casa de la calle de Nápoles, pide la admisión César García Sarabia, médico militar.

Las primeras vocaciones de mujeres mexicanas llegan apenas tres meses después de que, el 6 de marzo de 1950, arribaron a la ciudad de México las primeras mujeres de la Obra.

Bajo la protección de la Virgen de Guadalupe, a quien tanto veneró san Josemaría, el novedoso mensaje del Opus Dei prende en todo tipo de personas y ambientes, y pronto la labor apostólica se extiende a Culiacán, Monterrey y Guadalajara.

San Josemaría: "Para esto he venido a México: para querer más a Nuestra Madre. Y creo que puedo decir que la quiero tanto como los mexicanos la quieren"

Veinte años después, cuando el Fundador del Opus Dei pisa por primera y única vez tierras mexicanas, la extensión de los apostolados en el país y en todo el Continente ha dejado muy cortos los afanes por esparcir la doctrina de Jesucristo y de su Iglesia. Actualmente, también existen Centros de la Obra en las ciudades de San Luis Potosí, Hermosillo, Querétaro, Aguascalientes, Chihuahua, Puebla, Torreón y León. Además se desarrollan actividades formativas en: Estado de México, Morelos, Veracruz, Michoacán, Tlaxcala y Yucatán.

La presencia de la Obra en América se extiende a dieciséis naciones que comprenden más del noventa por ciento del territorio; suman varios miles las vocaciones repartidas por tierras americanas; con la ayuda de la gracia, han florecido numerosas tareas de formación y apostolado, que abarcan desde universidades hasta labores de promoción humana y espiritual para campesinos y obreros; personas de todas las condiciones sociales que comprenden, aman y cooperan con el Opus Dei. En expresión utilizada con frecuencia por el Fundador de la Obra, es un «mar sin orillas».

San Josemaría Escrivá de Balaguer a los pies de la Virgen de Guadalupe.

“Hijos míos, durante este mes de mayo he ido de romería a Torreciudad, descalzo, a honrar a Nuestra Señora. También he estado en Fátima, descalzo otra vez, a honrar a Nuestra Señora con espíritu de penitencia. Ahora he venido a México a hacer esta novena a Nuestra Madre. Hubiera ido de rodillas, como lo hacen aquí, pero no me han dejado. Para esto he venido a México: para querer más a Nuestra Madre. Y creo que puedo decir que la quiero tanto como los mexicanos la quieren". Con estas palabras resumía Mons. Escrivá el motivo de su viaje a México realizado a mediados de mayo de 1970 en compañía de Mons. Álvaro del Portillo, quien fue después su primer sucesor al frente de la Obra, y de Mons. Javier Echevarría, actual Prelado del Opus Dei.

«He tardado veintiún años en venir a estas tierras», comenta Mons. Escrivá de Balaguer en cuanto pisa suelo mexicano. Durante sus cuarenta días de permanencia en el país, verá a más de veinte mil personas de toda América. Su encendido amor a Jesucristo, a la Virgen, a la Iglesia y al Papa, dejan una profunda huella en quienes asisten a los coloquios siempre llenos de cordialidad que se organizan junto a él.

Siguiendo su ejemplo, en 1983 y 1988, Mons. Álvaro del Portillo visita México para postrarse a los pies de la Virgen de Guadalupe y convivir con sus hijos.